Un vagón a todas partes
Cuando iban a bajar en la estación General Anaya, Maximiliano salió corriendo con el libro. Ramiro trató de seguirlo, pero lo perdió de vista en el puente peatonal. Maximiliano iba arriba de la escalera eléctrica, asustado, dejando pasar a la gente. Al salir, Maximiliano lo esperaba en la calzada, quiso tomarle de la mano, pero Ramiro se hincó para arremangarle la ropa, no sabía cómo acomodarse ese terno que le gustaba tanto, pero que otra vez era muy grande para un niño.
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