Por una crónica comunal I

Hubo un parte aguas des­de el prin­ci­pio con Chávez, gran parte del mun­do académi­co e int­elec­tu­al le dio la espal­da al pro­ce­so chav­ista, muchas veces des­de una posi­ción mar­cada­mente de clase, que era a su vez la expli­cación de su propia posi­ción políti­ca. Pero a su vez el chav­is­mo incor­poró a una can­ti­dad de com­pañeras y com­pañeros que venían des­de antes, de difer­entes resisten­cias de los seten­tas, ochen­tas y noven­tas. El chav­is­mo es una creación propia, mil­lones de per­sonas que nun­ca habían par­tic­i­pa­do en políti­ca y que de repente forma­ban parte de un pro­ce­so con una poten­cia extra­or­di­nar­ia. Entonces ahí vas a ten­er un gigan­tesco momen­to de creación, lo vas a ver en ensayos políti­cos, en libros de poesía, en las edi­to­ri­ales que te comenta­ba, que pub­li­can y pub­li­can y pub­li­can, con may­or o menor cal­i­dad, pero era la democ­ra­ti­zación. Así como se democ­ra­ti­za el con­sumo o la vivien­da, se democ­ra­ti­za la pro­duc­ción artís­ti­ca. La alta cul­tura deja de ser una cuestión inal­can­z­able, que solo puede hac­er una per­sona que tienen un deter­mi­na­do recor­ri­do o características.

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Ácratas que hacen temblar al poder

El gob­ier­no de Biden ya está arreme­tien­do en la medi­da en que no han reti­ra­do ninguno de los car­gos, y aca­ban de pre­sen­tar una apelación con­tra el dic­ta­men que nie­ga la orden de extradi­ción. Quiero ser pru­dente, pero creo que Biden no será pia­doso, hay que recor­dar que fue él quien empleó el tér­mi­no de ter­ror­ista dig­i­tal con­tra Assange cuan­do era vicepres­i­dente de Obama.

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Un pequeño jardín amurallado

- Entre­vista con Fer­nan­da Mel­chor Pinto -

“A mí la lit­er­atu­ra mex­i­cana que más me gus­ta, la que más me mar­có como lec­to­ra y como escrito­ra es la que une, a la vez, exper­i­mentación for­mal y expe­ri­en­cia, sub­je­tivi­dad hecha cuer­po: Se está hacien­do tarde (1973), de José Agustín, o Los albañiles (1964) de Vicente Leñero, o El vam­piro de la Colo­nia Roma (1979) del recien­te­mente fal­l­e­ci­do Luis Zap­a­ta, o La vida conyu­gal (1991) de Ser­gio Pitol, o Las batal­las en el desier­to (1981) de José Emilio Pacheco, o Elsi­nore (1988) de Sal­vador Eli­zon­do, u Ofi­cio de tinieblas (1962), de Rosario Castel­lanos, para citar tan sólo unos cuan­tos ejemplos.”

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