Antena Matriota

Legitimidad real

Retra­to por Fran­cis­co Galárraga.

“Mien­tras los mod­er­a­dos i los teori­cos se ima­ji­nan evolu­ciones jeo­met­ri­c­as o se enredan en menuden­cias i detalles de for­ma, la mul­ti­tud sim­pli­fi­ca las cues­tiones, las baja de las alturas neb­u­losas i las con­fi­na en ter­reno práctico”

Manuel González Prada

—Entre­vista con Isabel Cortez, diputa­da elec­ta del Con­gre­so del Perú —

La últi­ma irrup­ción de la clase tra­ba­jado­ra en la vida democráti­ca del Perú entraña un con­traste sig­ni­fica­ti­vo para toda la región, en este due­lo de época entre el neolib­er­al­is­mo crudo de la ban­ca, los intere­ses de las cor­po­ra­ciones transna­cionales con­tra la tec­nopolíti­ca index­a­da que priv­i­le­gia el fun­cionar­i­a­do guber­na­men­tal al poder pop­u­lar. Matri­o­ta plat­icó con la com­pañera Isabel Cortez, Cha­beli­ta, con­gre­sista elec­ta de la Repúbli­ca del Perú, con 33.967 votos pref­er­en­ciales por la coali­ción políti­ca Nue­vo Perú, en rep­re­sentación de los sindi­catos de bar­ren­deras de Lima. Cha­beli­ta lid­era el com­bate con­tra las “Ser­vice”, empre­sas que usufruc­túan de la ter­cer­ización lab­o­ral y los con­tratos con las munic­i­pal­i­dades peru­a­nas. Con­trar­ian­do al Mar­qués de la inmo­bil­iaria y a su can­di­da­ta, Keiko Fuji­mori, Isabel Cortez par­tic­i­pa de la alian­za entre el Par­tido Perú Libre, de Pedro Castil­lo, favorito para ganar la segun­da vuelta de la elec­ciones pres­i­den­ciales el 6 junio, y el Movimien­to Nue­vo Perú, lid­er­a­do por Veróni­ka Men­doza.

Poco a cam­bi­a­do para la clase tra­ba­jado­ra des­de finales del siglo XIX, cuan­do ger­minó el movimien­to sindi­cal en el Perú. El neolib­er­al­is­mo rad­i­cal impu­so des­de hace trein­ta años la pre­carización, la ausen­cia de dere­chos y de seguri­dad lab­o­ral, super­ex­plotación, ter­cer­ización y crim­i­nal­ización de la protes­ta social. No es un hecho menor que sea una mujer obr­era, diri­gente sindi­cal y políti­ca quien logre un escaño en el Con­gre­so del Perú.

Hablam­os con Cha­beli­ta sobre los despi­dos, una posi­ble Asam­blea Con­sti­tuyente, las ollas comu­nales como parte de la estrate­gia de cam­paña políti­ca en los asen­tamien­tos de Lima, para sortear la fal­ta de pre­supuesto frente a las aplanado­ras del mar­ket­ing políti­co de los adver­sar­ios. Así, ya en 1901, durante la huel­ga de los panaderos de Lima y del Callao, aparece la Caja de Resisten­cia: una con­tribu­ción económi­ca per­iódi­ca de los obreros con­solidó un fon­do para ser usa­do durante la huel­ga sindi­cal, con la final­i­dad de ali­men­tar a los tra­ba­jadores y sus famil­ias en las ollas comunes.

La his­to­ria del sindi­cal­is­mo peru­ano tiene algu­nas lec­ciones que impar­tir­le al tec­no-conocimien­to hegemóni­co del siglo XXI. Por ejem­p­lo, la “Pas­cua Roja” en 1905, fue una romería al cemente­rio del Callao, a la tum­ba de Flo­ren­cio Alia­ga, con­sid­er­a­do el primer már­tir de la clase obr­era peru­a­na. Esa noche se real­izó una gran reunión en el local de la Fed­eración de Obreros Panaderos Estrel­la del Perú, donde se suced­erían var­ios dis­cur­sos de líderes sindi­cales, actos de can­to, lit­er­atu­ra, y sobre todo, el cele­bre dis­cur­so de Manuel González Pra­da, en el cual plantea la rup­tura de jer­ar­quías entre el tra­ba­jo int­elec­tu­al y el tra­ba­jo man­u­al, pues no existe acción físi­ca sin acción int­elec­tu­al. Los int­elec­tuales, hoy desplaza­dos por l@s tec­nócratas, no son los lla­ma­dos a ilu­mi­nar a la clase tra­ba­jado­ra, como si esta estu­viera a cie­gas, muy por el con­trario, los tra­ba­jadores saben desar­rol­larse int­elec­tual­mente. De allí se desprende la segun­da lec­ción: La tradi­ción de la aut­o­for­ma­ción del anar­co sindi­cal­is­mo peru­ano, un prin­ci­pio fun­da­men­tal para la creación de sen­ti­do y la apropiación del conocimien­to por fuera de las insti­tu­ciones de los saberes autor­iza­dos; espa­cios y prac­ti­cas que tan­to nos hacen fal­ta aho­ra para la apropiación del lengua­je y la creación de un gen­uino sen­ti­do políti­co eman­ci­pa­to­rio . En 1909 se inau­guró en Lima la Casa Del Pueblo, donde hubo una bib­liote­ca y los anar­cosindi­cal­is­tas, tra­ba­jadores y otras per­sonas real­iz­a­ban lec­turas y veladas lit­er­arias en este lugar. Dán­dose así la val­o­ración de los lengua­jes artís­ti­cos como parte inte­gral de una for­ma­ción políti­ca de clase. 

Durante la déca­da de los cin­cuen­ta, el sindi­cal­is­mo cla­sista fue declar­a­do ile­gal, apare­ció el sindi­cal­is­mo amar­il­lo, que responde a los intere­ses de los empleadores y no de los tra­ba­jadores, declaran­do como punible la prác­ti­ca de la políti­ca; de la mis­ma man­era que hoy el rég­i­men de pri­va­ti­za­ciones y la sociedad del rendimien­to lo hacen de man­era tácita.

La recu­peración de la prác­ti­ca políti­ca sindi­cal, reivin­dica­ti­va de dere­chos, es el sen­ti­do históri­co que Isabel Cortez incor­po­ra en estos tiem­pos, como siem­pre adver­sos, en los cuales algu­nas izquier­das con­fun­den el fun­cionar­i­a­do guber­na­men­tal con la diri­gen­cia políti­ca real. Pareciera que la políti­ca se hace en los min­is­te­rios y los organ­is­mos mul­ti­lat­erales, cumplien­do for­mal­i­dades buro­cráti­cas, diag­nós­ti­cos demoscópi­cos de cos­tosas con­sul­torías académi­cas, y no con la orga­ni­zación popular. 

Matri­o­ta: Eres ori­un­da de Oxa­pam­pa, del Depar­ta­men­to de Pas­co, de la sier­ra cen­tral del Perú, mujer migrante en Lima y madre de tres hijos. Las grandes cap­i­tales, en vez de brindar acogi­da y opor­tu­nidades de desar­rol­lo, arrin­co­nan en la pobreza al migrante de provin­cia, espe­cial­mente a la mujer. ¿Cómo fue el pro­ce­so en el que te diste cuen­ta de la impor­tan­cia de la lucha políti­ca y te con­ver­tirte en diri­gente sindical?

Isabel Cortez: En el Perú, como en muchos país­es lati­noamer­i­canos, el olvi­do del Esta­do, la dejadez del Esta­do nos pre­cariza, noso­tras las mujeres somos las que más suf­rimos la cri­sis. Nos retrae, no nos deja evolu­cionar. Por ejem­p­lo, como es mi caso, muchas mujeres acá en el Perú no ten­emos edu­cación supe­ri­or, ni una vida digna, ni una salud digna. Acá en Lima hay muchas empre­sas en las que les pagan menos a las mujeres. Esta­mos pre­cariza­dos. Cuan­do una quiere estu­di­ar una car­rera, algo téc­ni­co o sim­ple­mente ten­er una vida nor­mal, la car­ga lab­o­ral, más la car­ga famil­iar, y en el caso mío, la car­ga sindi­cal, no nos favorece. Y ante eso noso­tras nos armamos de val­or, bus­camos estrate­gias para poder luchar, para salir ade­lante con nue­stros hijos, dar­les una vida digna, una edu­cación. Esta­mos encer­ra­dos, sin la posi­bil­i­dad de ten­er tiem­po, de irnos de via­je, de irnos de paseo, de pasar más horas con nue­stros hijos. Eso de pasar algunos momen­tos para diver­tirse con los ami­gos o irse a la playa, irse de via­je, de vaca­ciones, no. No nos alcan­za el tiem­po. Por ejem­p­lo, la vez pasa­da tuve una entre­vista con unos jóvenes y me pre­gun­taron: ¿Algu­na vez te has arrepen­ti­do? Y me quedé un poco ausente, como blo­quea­da. En todos estos años de lucha no me quedó tiem­po ni siquiera para fijarme si he dis­fru­ta­do algu­na vez en mi vida, o sí me he diver­tido algu­na vez. Todo está tan triste, tan rápi­do. Todas las cosas que uno tiene que hac­er, la respon­s­abil­i­dad del tra­ba­jo, la respon­s­abil­i­dad de la casa, de ser mamá, de la famil­ia, de los hijos. Y en el caso mío, la respon­s­abil­i­dad de ser mujer sindi­cal­ista. Entonces es una tarea bien dura. Como guer­reras que somos, bus­camos salir ade­lante, bus­camos una mejoría, bus­camos sobre­salir, bus­camos luchar para mejo­rar nues­tra situación económi­ca, por la edu­cación de nue­stros hijos y tam­bién para ten­er un país mejor.

¿Cuán­do lle­gaste a Lima, en qué momen­to te diste cuen­ta que había que ten­er una lucha sindical?

Llegué a Lima muy joven, a los 15 años, era menor de edad, ni siquiera podía entrar a un tra­ba­jo de empre­sa. Con la ayu­da de una tía iba a algunos mer­ca­dos, a limpiar casas, pero may­or­mente al mer­ca­do. Y es así como me hice may­or, aquí tuve a mis hijos. Tam­bién tra­ba­jé en otros rubros, por ejem­p­lo, de cobrado­ra de micro. Y así has­ta que mis hijos crecieron un poquito, cuan­do el últi­mo tuvo dos años, encon­tré tra­ba­jo en la Munic­i­pal­i­dad de Lima. Todo esta­ba ter­cer­iza­do. Cuan­do entré a tra­ba­jar empezó esta indi­gnación, ver cómo las empre­sas mul­ti­mil­lonar­ias, que son transna­cionales, están colu­di­das con el Esta­do, con sus fun­cionar­ios cor­rup­tos. Vul­ner­an los dere­chos de los tra­ba­jadores. La may­oría de los tra­ba­jadores somos mujeres, somos el 70 %, a ellos no les intere­sa eso, sim­ple­mente les impor­tan sus ganancias.

En el caso de nosotros, el ser­vi­cio de limpieza de la Munic­i­pal­i­dad de Lima usa las modal­i­dades de ter­cer­ización para pre­sum­i­ble­mente hac­er nego­ci­a­dos, para hac­er lob­by, para vul­ner­ar los dere­chos de los tra­ba­jadores. La ter­cer­ización sola­mente es cor­rup­ción. Des­de el 2014 entré a tra­ba­jar a limpieza públi­ca munic­i­pal. Des­de entonces ya fui des­pe­di­da dos veces. La primera vez, mi despi­do duró 20 días. Así, a base de reclam­os, de insis­ten­cia, a pesar de recibir ame­nazas. Yo nun­ca llegué tarde. Nun­ca falta­ba. Real­iz­a­ba bien mis labores y no era jus­to que me desp­i­dan. Mira, yo cumplí con todo, si no me repones en mi tra­ba­jo, yo te voy a deman­dar, te voy a denun­ciar, te voy a hac­er un escán­da­lo. Parece que eso no les gustó, así que me repusieron, pero me man­daron a un sec­tor bien lejos de mi casa. Tenía que ir cua­tro horas en el bus para lle­gar a mi tra­ba­jo. Ya se abur­rirá soli­ta, decían, pero no, no pudieron.

Empecé a bus­car estrate­gias, con­jun­ta­mente con mis com­pañeras luchamos para mejo­rar nues­tras condi­ciones lab­o­rales, mejo­rar nues­tras condi­ciones salar­i­ales. Habían pasa­do más de diez años que no recibíamos un aumen­to, nue­stro seguro de salud no esta­ba acti­va­do, pri­or­iz­a­ban a las “Ser­vice”, en com­pli­ci­dad con la munic­i­pal­i­dad. El tra­ba­jador que fal­l­ecía por acci­dente de tra­ba­jo, la “Ser­vice” sim­ple­mente no se respon­s­abi­liz­a­ba. Y cuan­do uno iba a recla­mar a la Munic­i­pal­i­dad por los acci­dentes de tra­ba­jo, le ech­a­ban la peloti­ta a la “Ser­vice”, la munic­i­pal­i­dad sim­ple­mente se lava­ba las manos. En el 2014 llegó la Ley Pulpín, con la que querían esclavizar a nue­stros jóvenes, con el cuen­to de las prác­ti­cas, querían hac­er­les tra­ba­jar a nue­stros hijos tres años sin ningún pago. Entonces sal­imos con el sindi­ca­to. Pero tam­bién nos dimos cuen­ta de que se iba a ter­mi­nar el con­tra­to de la Munic­i­pal­i­dad con la empre­sa, nos íbamos a quedar en la calle.

Como ya teníamos ref­er­en­cia a otras munic­i­pal­i­dades donde había suce­di­do lo mis­mo, ini­ci­amos una deman­da a la Munic­i­pal­i­dad, y la ganamos. Nos dio la razón el poder Judi­cial y logramos nues­tra esta­bil­i­dad lab­o­ral. Tres años duró el juicio. Pero val­ió la pena la lucha, fue ard­ua, no fue fácil. Cada vez que salíamos a protes­tar, a recla­mar, para que nos con­sid­eren, por ejem­p­lo, en el con­cur­so públi­co o en la lic­itación que real­iz­a­ban la Munic­i­pal­i­dad, nos mand­a­ban a gol­pear con la policía. Nos encerra­ban. Nos acus­a­ban de que estábamos cau­san­do des­or­den. Inclu­sive nos acus­a­ban de ter­ror­is­tas. Acá en el Perú así es, si los tra­ba­jadores sal­imos a protes­tar por dere­chos, por mejores condi­ciones lab­o­rales, por mejores condi­ciones salar­i­ales, nos acu­san de ter­ror­is­mo. Pero logramos la esta­bil­i­dad lab­o­ral. Aho­ra ya somos tra­ba­jadores direc­tos de la Munic­i­pal­i­dad de Lima. Pero la lucha continúa.

Actual­mente soy sec­re­taria de la mujer del sindi­ca­to SITOMUN, de tra­ba­jado­ras de limpieza munic­i­pal. Como diri­gente sindi­cal veo que las leyes se hacen en el Con­gre­so, entonces voy a luchar con­jun­ta­mente con mis com­pañeras para lle­gar al Con­gre­so y hac­er leyes a favor de nosotros, los tra­ba­jadores de limpieza, sobre todo para los tra­ba­jadores del Perú. Pertenez­co a dos sindi­catos: Sit­o­mun y SITOBUR. Son ellos quienes me han respal­da­do. Con mis com­pañeras hemos enfrenta­do esta batal­la cam­pal, porque com­pe­tir con todos esos can­didatos que invierten mil­lon­adas en sus cam­pañas es bien difí­cil. Es David con­tra Goli­at. La fuerza y la energía que pusieron mis com­pañeras y com­pañeros tra­ba­jadores de limpieza munic­i­pal, tam­bién de otros sec­tores como: Jóvenes uni­ver­si­tar­ios, pro­fe­sion­ales, con­jun­ta­mente con ellos hemos logra­do este obje­ti­vo. Y ahí es donde vamos a acud­ir en la lucha para todos los tra­ba­jadores. Siem­pre digo: no he gana­do yo, ganaron los tra­ba­jadores, son ellos quienes han lucha­do en este cam­po de batal­la, son ellos quienes han logra­do esta victoria.

¿Aún con­ser­vas tus raíces cul­tur­ales de Oxa­pam­pa en Lima?

Mi pueblo se lla­ma Oxa­pam­pa. Es muy curioso, mi tier­ra, Oxa­pam­pa, es una colo­nia de ale­manes, asen­ta­da después de la Segun­da Guer­ra Mundi­al, muchos extran­jeros, ale­manes, ingle­ses, ital­ianos se quedaron en Oxa­pam­pa. Ellos tienen sus ter­renos para la ganadería, siem­bran café, fru­tas. Muchos jóvenes de los alrede­dores de Oxa­pam­pa van a esas hacien­das a tra­ba­jar. Mis padres lle­garon a tra­ba­jar ahí. Mi papá vino de Huánu­co. Mi mamá es de Aban­cay, cer­ca al Cuz­co. Mis padres siguen vivien­do ahí. Claro, como salí bien joven, no ten­go las cos­tum­bres tradi­cionales de Oxa­pam­pa. Más me he acos­tum­bra­do acá en Lima, pero casi nun­ca tuve tiem­po, por ejem­p­lo, eso de decir, un día voy a coci­nar algo que a mí me sale rico, no, siem­pre mi vida ha sido coci­nar a la vola­da, en veinte min­u­tos, ten­go que estar cor­rien­do para allá, para acá.

El embate neolib­er­al en Améri­ca Lati­na bus­ca desin­te­grar sis­temáti­ca­mente a las orga­ni­za­ciones sindi­cales a través de la pri­va­ti­zación y ter­cer­ización de ser­vi­cios, que va de la mano de la reduc­ción del acce­so a dere­chos fun­da­men­tales como la salud, el tra­ba­jo dig­no, la edu­cación. Tu pres­en­cia en la lucha sindi­cal y aho­ra como Diputa­da elec­ta mar­ca la difer­en­cia: Cuén­tanos, ¿cómo fue la lucha para entrar en la nómi­na munic­i­pal, superan­do la inesta­bil­i­dad lab­o­ral a la que se veían abo­cadas las y los tra­ba­jadores de limpieza públi­ca en Lima?

Eso es lo que decía antes, estábamos ter­cer­iza­dos, veíamos tan­tas vul­nera­ciones de parte de las “Ser­vice”. Cuan­do íbamos a recla­mar a la Munic­i­pal­i­dad se lava­ban las manos. Fue esa indi­gnación lo que nos empu­jó a hac­er esa deman­da. A base de lucha políti­ca, logramos la esta­bil­i­dad lab­o­ral. Aho­ra ya esta­mos en las planil­las de la propia municipalidad.

Isabel Cortez, sindi­cal­ista peru­a­na y diputa­da elec­ta por el Con­gre­so del Perú
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La Con­sti­tu­ción que ten­emos en Perú fue hecha por un dic­ta­dor en los años 90: Alber­to Fuji­mori y sus cua­tro ami­gos, que en ese entonces eran mil­lonar­ios, hoy en día son mul­ti­mil­lonar­ios. Ben­efi­ció a los ban­car­ios, a las transnacionales.

¿Esa fue una deman­da en la Corte Supre­ma de Justicia?

Fue en la Corte Supre­ma de Lima. Primero fue en primera instan­cia, luego segun­da instan­cia. La Munic­i­pal­i­dad no daba su bra­zo a torcer. Lejos de cumplir, por ejem­p­lo, la sen­ten­cia de la Corte Supre­ma, hicieron un con­cur­so públi­co en ple­na pan­demia. Ese es el col­mo de todo. No sé qué corazón ten­drán esos políti­cos. Creo que son máquinas, ya no son seres humanos. En ple­na pan­demia no cumpli­eron la sen­ten­cia de la Corte Supre­ma, hicieron un con­cur­so públi­co sin incor­po­rar algu­na cláusu­la lab­o­ral que diga, por lo menos, bueno, hay que realizar un con­cur­so públi­co, pero los tra­ba­jadores tienen que con­tin­uar tra­ba­jan­do, ya que la may­oría son mujeres. Nada. Sim­ple­mente querían sacar a la “Ser­vice” que esta­ba ahí, para pon­er a la “Ser­vice” de sus ami­gos, porque eso es lo que hacen ellos, ponen al ami­go que posi­ble­mente le haya finan­cia­do su cam­paña. Sin impor­tar­les los tra­ba­jadores, sin impor­tar­les que el ser­vi­cio de limpieza públi­ca es un ser­vi­cio esen­cial. En muchas munic­i­pal­i­dades del Perú han mal­trata­do, han vio­len­ta­do lab­o­ral­mente y económi­ca­mente a sus tra­ba­jadores, muchos tra­ba­jadores munic­i­pales en esta pan­demia han sufri­do las peo­res con­se­cuen­cias. A niv­el region­al, muchas munic­i­pal­i­dades han des­pe­di­do a diri­gentes sindi­cales, han des­pe­di­do a cien­tos de tra­ba­jadores. Y si no los han des­pe­di­do, les han esti­ra­do la jor­na­da a diez, a doce horas de tra­ba­jo, a muchos tra­ba­jadores les han reduci­do su suel­do. A muchos tra­ba­jadores no les pagan pun­tu­al, recién les pagan después de un mes o dos meses. O sea que el tra­ba­jador tiene que tra­ba­jar dos o tres meses, y recién al cuar­to mes, le pagan el suel­do del primer mes. Toda esa pre­cariedad ya no les da tiem­po para dedi­carse al sindi­cal­is­mo, para reunirse más. Es una maquinar­ia destruc­to­ra de parte del Esta­do, de parte de la derecha mafiosa y cor­rup­ta para sep­a­rar a los sindi­catos, para que los mis­mos afil­i­a­dos, los mis­mos tra­ba­jadores ten­gan ese chip: si reclamo me van a sacar del tra­ba­jo, no va a lle­gar mi con­tra­to. Ante esa pre­cariedad nos armamos de val­or y sal­imos a luchar para que nos respeten.

¿Es ver­dad que mien­tras hacías tu tra­ba­jo de limpieza por las calles de Lima, repartías fol­letos, prac­ti­cabas tus inter­ven­ciones en voz alta?

Sí, muchas veces. Mi sueño era ser azafa­ta. Con ese sueño migré des­de mi tier­ra has­ta acá, como no tuve esa opor­tu­nidad de ir a la uni­ver­si­dad, de estu­di­ar una car­rera, no pudo realizarse. Pero si no pude cumplir ese sueño, otros sueños sí. Cuan­do cam­ina­ba bar­rien­do, tra­ba­jan­do, iba hablan­do. A veces escuch­a­ba los noticieros en la radio. Cuan­do iba en el bus has­ta lle­gar a mi casa a veces escuch­a­ba hablar a algún políti­co y lo graba­ba en mi celu­lar, me ponía audí­fonos, escuch­a­ba qué pal­abras uti­liz­a­ba, qué quería decir, cómo ha sido su con­ver­sación, cómo ha sido su man­era de expre­sarse. Poco a poco he apren­di­do a soltarme, a hablar, a dialog­ar, a expon­er mis ideas. A trans­mi­tir­le a mis com­pañeras la lucha, a no quedarnos cruza­dos de bra­zos, a no esper­ar que alguien nos resuel­va nue­stro prob­le­mas, sino a trans­mi­tir esa fuerza, esa energía: ten­emos que hac­er algo, ten­emos que luchar, ten­emos que guerrear.

¿Cómo enfrentaste una cam­paña políti­ca sin may­or pre­supuesto, en desigual­dad de condi­ciones frente a las empre­sas elec­torales del sistema?

Con­jun­ta­mente con todas mis com­pañeras, tra­ba­jadores de limpieza munic­i­pal, bus­camos estrate­gias, bus­camos informes, mandábamos a hac­er volantes con men­sajes, con prop­ues­tas. Como tra­ba­jadores cono­ce­mos nues­tras prob­lemáti­cas, imprim­i­mos men­sajes como: hay que elim­i­nar la ter­cer­ización porque nos pre­cariza, la ter­cer­ización sola­mente trae cor­rup­ción. Porque es el tiem­po de los tra­ba­jadores, porque es el tiem­po de las mujeres. Con men­sajes como estos en nue­stros volantes visi­ta­mos los mer­ca­dos. Fue bien difí­cil porque en tiem­pos de pan­demia todos esta­ban en cuar­ente­na. Sola­mente habían algunos días de la sem­ana, o algu­nas sem­anas al mes que esta­ba abier­to, luego lo cerra­ban todo. Los días que las per­sonas podían salir a com­prar, íbamos a los paraderos, en los esta­cionamien­tos del tren, en los esta­cionamien­tos de los bus­es met­ro­pol­i­tanos, visi­ta­mos los pueb­los, vis­itábamos los asen­tamien­tos humanos. Durante esta época de pan­demia se crearon las ollas comunes, muchas mujeres valientes pararon las ollas con el apoyo de ellas mis­mas, bus­caron de algu­na man­era parar esas ollas para ali­men­tar a sus famil­ias y a las famil­ias de sus bar­rios. Visi­ta­mos los puer­tos, algunos muelles que esta­ban cer­ca a la playa. Por ejem­p­lo, acá en Lima hay un muelle que lla­man Ancón, fuimos a esos cen­tros pes­queros a hablar con la gente de tú a tú sobre la impor­tan­cia de que una tra­ba­jado­ra esté en el Par­la­men­to. Cam­iné bas­tante, con­jun­ta­mente con un equipo que ten­go tra­ba­jamos mucho.

Así fue como gané votos, la gente fue com­pren­di­en­do por qué tenían que votar por una tra­ba­jado­ra, una her­mana de ellos, una de ellos. Años que venía yo luchan­do por la defen­sa de nue­stros dere­chos, de todos los tra­ba­jadores de limpieza, prote­s­tando en las calles cada año por mejores condi­ciones salar­i­ales. Todo está pub­li­ca­do en las redes: Des­de el 2013, de 2012. Has­ta el 2015. Y así suce­si­va­mente. Todos los años hemos esta­do en las calles prote­s­tando con­stan­te­mente. Todo eso se ha suma­do en estas elec­ciones. Es un tra­ba­jo des­de hace diez años, pero estos dos últi­mos años ya fue un tra­ba­jo políti­co para pos­tu­lar al Con­gre­so. Es así como lo hemos logra­do, con­jun­ta­mente con mis com­pañeros y com­pañeras. Vamos por más, por mejores condi­ciones salariales.

Vamos a luchar por la reivin­di­cación de los dere­chos de los tra­ba­jadores. Vamos por un Con­gre­so donde se pri­orice al niño, a nue­stros ancianos, a las mujeres embarazadas, antes que a cualquier nego­cio, antes que cualquier lob­by, deben estar primero los dere­chos del ser humano, tal como man­da la Declaración Uni­ver­sal de los Dere­chos Humanos. En este camino vamos. Ojalá gane el profe Pedro Castil­lo, que es de izquier­da, el pro­pone un cam­bio de Con­sti­tu­ción. Nosotros quer­e­mos una nue­va Con­sti­tu­ción que defien­da nue­stro sis­tema de salud, que pro­te­ja nue­stros recur­sos nat­u­rales, que pro­te­ja al medio ambi­ente. Quer­e­mos una Con­sti­tu­ción que retome la Declaración Uni­ver­sal de Dere­chos Humanos. De ver­dad estoy agrade­ci­da con todos mis com­pañeras y com­pañeros, que pusieron su hom­bro para lograr ese objetivo. 

Vivi­mos un sis­tema cap­i­tal­ista de con­sumo que todo lo mer­can­tiliza en el cual todo es desech­able inclu­so los seres humanos. Una de tus consignas de lucha es: “No somos desech­ables, somos seres humanos”: Háblanos sobre tu prop­ues­ta para un proyec­to de ley sobre indus­tri­al­ización del reciclaje.

Estoy pro­movien­do un Proyec­to de ley para la indus­tri­al­ización del reci­cla­je, sola­mente acá en Lima, se reco­gen alrede­dor de tres mil­lones de toneladas de basura. Entonces, ¿qué hace la munic­i­pal­i­dad? Lo recoge, cava un hoyo inmen­so, y lo entier­ran ahí. Sin dar­le tratamien­to, sim­ple­mente lo entier­ran, cau­san­do con­t­a­m­i­nación en toda esta zona. De esa can­ti­dad de basura, el 80 por cien­to es reci­clable. Por eso es muy impor­tante pro­mover este proyec­to de la indus­tri­al­ización de la basura. Se ten­dría que hac­er con la par­tic­i­pación de las munic­i­pal­i­dades, del Min­is­te­rio del Ambi­ente. Mira, al realizar este proyec­to se estaría generan­do tra­ba­jo. Cuan­do vis­ité a los com­pañeros en Brasil, en Sao Paulo, ellos pro­mueven el reci­cla­je de la basura. Ellos me hicieron ver que la basura es oro, que la basura gen­era empleo. Y es cier­to. Y por qué no traer la indus­tri­al­ización de la basura. Siem­pre esta­mos acos­tum­bra­dos a copi­ar lo malo de otro país. A la vez estaríamos pro­te­gien­do al medio ambi­ente, pro­te­gien­do la salud de los veci­nos. Aho­ra, en estos tiem­pos de pan­demia sería más efec­ti­vo indus­tri­alizar la basura, acá en Lima hay algunos pun­tos críti­cos donde hay cer­ros de basura. A veces ni la propia munic­i­pal­i­dad los puede recoger, están durante días, durante sem­anas, cau­san­do con­t­a­m­i­nación, infec­ciones, enfer­medades, atrayen­do a roe­dores. Aunque ya hay roe­dores en el con­gre­so, pero ahí apare­cen otros roe­dores tam­bién. Sí se realizaría eso sería muy impor­tante. La basura es oro com­pañeros. La reuti­lización es muy impor­tante, para evi­tar la con­t­a­m­i­nación del medio ambi­ente. Ya no res­pi­ramos oxígeno, res­pi­ramos monóx­i­do de car­bono. Con los car­ros usa­dos en mal esta­do que traen de otros país­es. Ese no es el reci­cla­je que necesitamos.

Cha­beli­ta por las calles de Lima

Siem­pre les digo a mis com­pañeras: de los sindi­catos deben salir los can­didatos al Con­gre­so, de los sindi­catos deben salir los can­didatos para la pres­i­den­cia, de los asen­tamien­tos humanos, de donde están nue­stros campesinos, de las zonas de la sel­va, de ahí deben salir nue­stros candidatos.

Con la pan­demia en Lati­noaméri­ca, la may­oría de la población, que es de la clase tra­ba­jado­ra, no puede darse el lujo de quedarse en casa. El Esta­do se ha nega­do a otor­gar un bono de sub­sis­ten­cia ciu­dadana, como sucedió en algunos país­es del primer mun­do. En este con­tex­to, un proyec­to sobre una “Ley Del Ambu­lante” como el que pro­pones, cobra aún más impor­tan­cia, cuén­tanos sobre este proyecto.

Una de mis prop­ues­tas es pro­mover la Ley del tra­ba­jador emprende­dor, la Ley del Ambu­lante. Acá en Perú nues­tras autori­dades no han pro­te­gi­do a los tra­ba­jadores de ningún sec­tor. A pesar de que muchos están en primera línea de lucha con­tra la Pan­demia.  Aun así, el Esta­do, lejos de pro­te­ger, nos ha empu­ja­do al abis­mo. Sola­mente ha pro­te­gi­do a los mul­ti­mil­lonar­ios, a los monop­o­lios, les dio pro­gra­mas como Reac­ti­va Perú a todos ellos con el cuen­to de sol­ven­tar los gas­tos de sus tra­ba­jadores para que no haya despi­dos. Pero estos monop­o­lios han recibido can­ti­dades y can­ti­dades de dinero del pro­gra­ma Reac­ti­va Perú, dinero de nosotros los peru­anos, dinero del pueblo, se lo han meti­do al bol­sil­lo y han des­pe­di­do a cien­tos y cien­tos de tra­ba­jadores. Antes de la pan­demia ya había entre un 40% a un 60% de tra­ba­jadores ambu­lantes en las calles. Aho­ra, en estos tiem­pos de pan­demia hay un 70 a un 80 % de tra­ba­jadores ambu­lantes. La may­oría de ellos son mujeres, madres de famil­ia o jefas de hog­ar. Por la necesi­dad muchas de ellas salen con sus niños en bra­zos, con sus niños en sus espal­das salen a ganarse el sus­ten­to, exponien­do su vida. Porque no es fácil salir en ple­na pan­demia cuan­do mucha gente está murien­do en las puer­tas de los hos­pi­tales por fal­ta de oxígeno, por fal­ta de aten­ción médi­ca. No es fácil salir, pero todas ellas se armaron de val­or para ali­men­tar a su famil­ia y se han con­ver­tido en tra­ba­jado­ras ambu­lantes. El Esta­do, lejos de apo­yarlas, con­tra­ta a inspec­tores para la Munic­i­pal­i­dad, nosotros lo lla­mamos ser­e­naz­go, vienen y las arras­tran, les qui­tan sus cosas, las gol­pean. No les impor­ta que traigan a su niño en la espal­da. Sim­ple­mente cumplen órdenes. ¿Cómo se sen­tirá la madre que lle­ga a su casa, que le quitaron sus cosas, sin haber podi­do lle­var ali­men­to para su familia?

Por eso voy a pro­mover la Ley del ambu­lante donde, primera­mente, se va a pro­hibir a las autori­dades que les quiten sus cosas. Muchas mujeres han tenido que apren­der a mane­jar motos, hacen car­reras en moto­taxi para salir ade­lante. Las munic­i­pal­i­dades les qui­tan sus her­ramien­tas, sus vehícu­los. No sola­mente le están qui­tan­do su ali­men­to, sino tam­bién el de sus hijos. El segun­do pun­to es: se las va a empadronar, para saber qué venden, dónde tra­ba­jan. Y el ter­cer pun­to: se va a exi­gir a las Munic­i­pal­i­dades que con­struyan más mer­ca­dos munic­i­pales, los que ya exis­ten los tienen que ampli­ar para incor­po­rar aque­l­los tra­ba­jadores ambu­lantes que ya están empadron­a­dos. De esa man­era los esta­mos for­mal­izan­do. No digo que voy a desa­pare­cer a los ambu­lantes, no, al menos estare­mos empezan­do a mejo­rar, estos tra­ba­jadores ya no serán gol­pea­d­os, ni maltratados.

¿Crees que es impor­tante que nue­stros pueb­los ten­gan gob­ier­nos y Esta­dos de clase trabajadora?

Si. Siem­pre les digo a mis com­pañeras: de los sindi­catos deben salir los can­didatos al Con­gre­so, de los sindi­catos deben salir los can­didatos para la pres­i­den­cia, de los asen­tamien­tos humanos, de donde están nue­stros campesinos, de las zonas de la sel­va, de ahí deben salir nue­stros can­didatos. Debe­mos orga­ni­zarnos, hac­er un lla­ma­do a todos aque­l­los ciu­dadanos de nue­stros pueb­los, a los jóvenes, a nue­stros bar­rios para con­vo­car a que sea un can­dida­to de ahí. Siem­pre esta­mos esperan­do a otros, a esos can­didatos de los mul­ti­mil­lonar­ios, los can­didatos de los monop­o­lios que pro­te­gen sus nego­cios y sus lob­bies. Por eso son muy impor­tantes los cen­tros gremi­ales, los cen­tros veci­nales de nue­stro bar­rio, de nue­stros her­manos campesinos, de ahí deben salir los can­didatos. Bas­ta ya de ele­gir a esos que te dicen, nosotros sí sabe­mos de economía, nue­stro país está subi­en­do económi­ca­mente. ¿Para dónde? Ellos se suben el suel­do, se reba­jan sus impuestos, o no los pagan, le sacan la vuelta a la ley, uti­lizan sus ten­tácu­los para com­prar a fun­cionar­ios del Esta­do. Hace poco nomás le han per­don­a­do un din­er­al en impuestos a Telefónica.

¿Por quién fueron elegi­dos los mag­istra­dos del Tri­bunal Con­sti­tu­cional del Perú? Ha sido por la derecha mafiosa, la derecha tradi­cional cor­rup­ta, que año a año está ahí ponien­do sus jue­ces, ponien­do a sus con­gre­sis­tas para pro­te­ger sus nego­cios. Eso tiene que cam­biar. Acá en Perú lle­va más de 30 años que un par­tido ver­dadera­mente de izquier­das no logra ingre­sar al gob­ier­no Siem­pre nos vienen a pin­tar pajar­i­tos, como dec­i­mos noso­tras, nos dicen que nos van a bajar las estrel­las y el sol y la luna. Al final nos ter­mi­nan engañan­do. Ellos siem­pre están dan­do su dis­cur­so de izquier­da, pero son par­tidos de la ultra­derecha, cuan­do lle­gan al gob­ier­no hacen todo lo contrario.

¿Crees que la Can­di­datu­ra de Pedro Castil­lo abre la posi­bil­i­dad para que la clase tra­ba­jado­ra sea la que ori­ente el Esta­do en el Perú?

Sí, claro que sí, porque él es un mae­stro. ¿Dónde enseña­ba? En un pueblo con todas las necesi­dades. Él enseña­ba a sus niños en una escuela donde no había Inter­net, tenía que ir en cabal­lo o mon­tar en mula dos horas para lle­gar a su escueli­ta. Sabe la real­i­dad que viv­en nue­stros niños, nue­stros mae­stros, lo que fal­ta en cada cole­gio. Muchos can­didatos pien­san que sola­mente Lima es el Perú. Pero no, el Perú es todo des­de la fron­tera con Chile, des­de Tac­na, has­ta la fron­tera con Brasil, la fron­tera con Colom­bia. Nue­stro mar es de 200 mil­las, todas eso es el Perú. Esos can­didatos cor­rup­tos invierten sumas mil­lonar­ias, com­pran con­cien­cias. Ten­emos la esper­an­za de que el profe Castil­lo gob­ierne, porque sabe las ver­daderas necesi­dades de nue­stro pueblo.

La derecha argu­men­ta que un pro­ce­so con­sti­tuyente es dic­ta­to­r­i­al, sin embar­go, con­sul­tar al pueblo para refor­mu­lar el mar­co jurídi­co que lo rige es democráti­co por prin­ci­pio. Además, los pro­ce­sos con­sti­tuyentes ya se ha dado en Bolivia, Ecuador y Venezuela. ¿Cómo ves un pro­ce­so Con­sti­tuyente en el Perú? ¿Qué podrían apren­der de los casos de Bolivia, Ecuador y Venezuela?

La Con­sti­tu­ción que ten­emos en Perú fue hecha por un dic­ta­dor en los años 90: Alber­to Fuji­mori y sus cua­tro ami­gos, que en ese entonces eran mil­lonar­ios, hoy en día son mul­ti­mil­lonar­ios. Ben­efi­ció a los ban­car­ios, a las transna­cionales. Esa Con­sti­tu­ción fue hecha para saque­ar nue­stros recur­sos nat­u­rales, para entre­gar­le en ban­de­ja de pla­ta nue­stro mar a los chi­nos, que vienen en bar­cos grandes a lle­varse los recur­sos mari­nos, afectan­do a todos los ciu­dadanos de esa zona. Esta Con­sti­tu­ción ha sido para con­t­a­m­i­nar nue­stro medio ambi­ente, para pre­carizar nue­stro sis­tema de salud, al sis­tema de edu­cación, al sis­tema de vivien­da. Para eso fue hecha la Con­sti­tu­ción del 1993. Por eso nosotros, el pueblo peru­ano, exigi­mos una nue­va Con­sti­tu­ción hecha por el pueblo, con la par­tic­i­pación de los ciu­dadanos, de los tra­ba­jadores, de nue­stros her­manos campesinos, de nue­stros her­manos y nues­tras her­manas indí­ge­nas, con la par­tic­i­pación de las enfer­meras, los médi­cos, con la par­tic­i­pación de los pro­fe­sores, con la par­tic­i­pación de un tra­ba­jador de limpieza públi­ca, con la par­tic­i­pación de bomberos y policías. En pie de lucha, son ellos los que saben la ver­dadera real­i­dad. Porque la Con­sti­tu­ción actu­al tiene can­da­dos, está mani­ata­da. La úni­ca for­ma es hac­er un refer­én­dum, pre­gun­tar­le al pueblo, pre­gun­tar­le al ciu­dadano si quieren seguir en la pre­cariedad o si quieren cam­bios. Ya el año pasa­do, en noviem­bre, los jóvenes salieron a defend­er la democ­ra­cia, nos demostraron que hay que pedir una nue­va Con­sti­tu­ción. Si hace­mos un refer­én­dum para cam­biar la Con­sti­tu­ción, estoy segu­ra de que el pueblo va a votar sí. De ahí se puede empezar una Asam­blea Con­sti­tuyente, con el respal­do del pueblo, para pro­te­ger a los tra­ba­jadores, pro­te­ger el dere­cho humano a la salud, el dere­cho humano a la edu­cación, el dere­cho humano a la vivienda.

En una posi­ble Asam­blea Con­sti­tuyente, ¿qué lugar ten­dría la vac­u­na con­tra la Covid19? ¿Crees que la vac­u­na debería ser un dere­cho fun­da­men­tal garan­ti­za­do por el Estado?

Claro, por supuesto. El Esta­do debe garan­ti­zar que todos los peru­anos seamos vac­u­na­dos. Inclu­so, debería de pro­mover que las vac­u­nas sean fab­ri­cadas acá en el Perú. Ten­emos los recur­sos, ten­emos la mate­ria pri­ma para hac­er­lo, ten­emos gente en nues­tras uni­ver­si­dades, ten­emos buenos cien­tí­fi­cos, buenos estu­di­antes, buenos pro­fe­sion­ales, inclu­so ya hay prue­bas. El año pasa­do, en ple­na pan­demia, ellos ya habían tra­ba­ja­do en todo ello, ya lo tenían lis­to, pero el Esta­do les dio la espal­da. Esos fun­cionar­ios cor­rup­tos saben que al com­prar a otro país la vac­u­na, gen­era unas ganan­cias para ellos, hay un lob­by. ¿Y qué hicieron? Lo primero que hicieron es entregárse­lo a un pri­va­do. Todo lo entre­gan a un pri­va­do. Las prue­bas ráp­i­das, la entre­garon a un pri­va­do. Las clíni­cas mafiosas han hecho su nego­cio. Las prue­bas lle­garon a costar 400 soles. El oxígeno tam­bién se lo dieron a un pri­va­do. Nos meten el cuen­to de que el Esta­do no es un buen admin­istrador para dar­le el oxígeno a un pri­va­do. Cada balón de oxígeno llegó a costar de 5000 has­ta ocho mil soles. El más bara­to costa­ba 4000 soles. Tam­bién entre­garon las camas UCI a un pri­va­do. Nos llegó a costar 120 mil soles curarse, así que las per­sonas como nosotros esta­mos des­ti­na­dos a morir.

Los fun­cionar­ios lla­maron a rep­re­sen­tantes de las AFP a vac­u­narse primero.  No se pri­or­izó a los tra­ba­jadores de primera línea, como a los tra­ba­jadores munic­i­pales de limpieza. Entonces ahí vemos clara­mente que estos pri­va­dos son mane­ja­dos por la élite. Y es por eso que estas empre­sas trasna­cionales mul­ti­mil­lonar­ias hacen lo que les da la gana. Por eso nosotros exigi­mos que el Esta­do sea quien garan­tice la salud para todos los peru­anos,  para los tra­ba­jadores, espe­cial­mente los que están en primera línea luchan­do con­tra la pan­demia, pues tam­bién está en ries­go las vidas de sus famil­ias. Por ejem­p­lo, una tra­ba­jado­ra munic­i­pal que sale a las calles a limpiar está con­stan­te­mente en con­tac­to con la basura, con el pol­vo, entonces su vida corre peli­gro. Las enfer­meras, los médi­cos, los bomberos, los mil­itares deben ser vac­u­na­dos. Porque están en primera línea, ellos deben ser los primeros en vac­u­narse. Pero no, dicen que eso es poli­ti­quería, va con­tra la democ­ra­cia, que eso es ter­ror­is­mo. A veces el pueblo no reac­ciona. Muchos tra­ba­jadores eli­gen a sus pro­pios ver­du­gos, a la derecha mafiosa cor­rup­ta. les com­pran sus con­cien­cias por cua­tro gra­nos de arroz, como dec­i­mos acá, por unos cuan­tos kilos de azúcar.

¿Qué espa­cios puede pro­pon­er el sindi­cal­is­mo de izquier­da para los jóvenes en la región? 

Nos orga­ni­zamos, bus­camos estrate­gias para obten­er mejores condi­ciones de tra­ba­jo. Para hac­er­nos respetar ante los empleadores ten­emos que orga­ni­zarnos sindi­cal­mente. Noso­tras las mujeres luchamos por las vac­u­nas. Con­jun­ta­mente con mis com­pañeras ire­mos al Min­is­te­rio de salud para exi­gir que nos vac­unen a los tra­ba­jadores de primera línea. Jun­tar a los más jóvenes nos hace fal­ta. ten­emos que tra­ba­jar en eso. En otras fed­era­ciones ya están empezan­do a con­ci­en­ti­zar a nue­stros jóvenes y guiar­los al camino de la lucha. No vamos a vivir 200 años, ellos tienen que continuar.

Con la eti­que­ta de “ter­ru­cos “se crim­i­nal­iza la protes­ta social, ¿cómo superarla?

Nosotros ya esta­mos cur­tidas, se podría decir acos­tum­bradas a que por cualquier cosa nos “ter­ruqueen”. Lo que pasa es que en los años 90 hubo ter­ror­is­mo. Pero tam­bién hubo ter­ror­is­mo de Esta­do, pero de eso ya no se dice nada. Durante el gob­ier­no de Fuji­mori hubo ter­ror­is­mo de Esta­do, con el grupo Col­i­na, con Vladimir Mon­tesinos, hubo masacres que se tratan de ocul­tar señalán­donos a los que luchamos. Pero nosotros ya hemos super­a­do eso, sim­ple­mente no les hace­mos caso. Con­tin­u­amos con nues­tra protes­ta, con otras orga­ni­za­ciones bus­camos estrate­gias para lograr más ben­efi­cios para la edu­cación, para la limpieza públi­ca munic­i­pal. Es la úni­ca man­era de super­ar­lo, ya no nos afec­ta, sabe­mos que no es cier­to, lo dicen sola­mente para fas­tidiarnos, porque los que nos acu­san, ellos son los encubri­dores de los ver­daderos criminales.