Loop Colonial
Al filo del acantilado, tres rostros lamidos por el frío arremolinado del páramo, surcaban un enorme algodón de agua.
Seguir leyendo →Al filo del acantilado, tres rostros lamidos por el frío arremolinado del páramo, surcaban un enorme algodón de agua.
Seguir leyendo →― Soy mi propio obstáculo.
— El algoritmo te tiene agarrado de los huevos.
— Vos igual.
— No puedes vender ni administrar nada.
Seguir leyendo →—¿Eres un espectro?, le preguntó Flagelo de Miel a la Aparición que nos acompañaba.
Seguir leyendo →Enamorada de tus síntomas asedias al dispositivo. En la madrugada escarbas en tu culpa o en el hastío a la cansada, como quien sacude una alcancía para ver que cae.
Seguir leyendo →— Por eso no te dura ningún novio. Te va a tocar largarte — le dijo Carolina —. ¿Tienes ahorros? Puedes ser mesera y estudiar de noche, cambiar de acento y dar clases de yoga, para escort te va a tocar quitarte precio, aunque ganarías más. Si tienes buen estómago podrías encontrar a alguien de setenta para arriba, que no le importe lo hecha mierda que estás.
Seguir leyendo →Cuando iban a bajar en la estación General Anaya, Maximiliano salió corriendo con el libro. Ramiro trató de seguirlo, pero lo perdió de vista en el puente peatonal. Maximiliano iba arriba de la escalera eléctrica, asustado, dejando pasar a la gente. Al salir, Maximiliano lo esperaba en la calzada, quiso tomarle de la mano, pero Ramiro se hincó para arremangarle la ropa, no sabía cómo acomodarse ese terno que le gustaba tanto, pero que otra vez era muy grande para un niño.
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